| Editorial La Bondiola |
Eres un Alquimista del Siglo XVIII
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Te encuentras en el mísero cuartucho donde realizas tus fantásticos experimentos, los cuales sin embargo siguen sin progresos debido al egoísmo de Igor, tu ayudante jorobado, quien se ha resistido duramente a probar las pociones malolientes que le has ofrecido y a que lo cortes en fetas para estudiar el cuerpo humano. Sin embargo, estás seguro que llegarás algún día a encontrar la Piedra Filosofal, lo que te permitirá convertir el plomo en oro y con ello pagarle los sueldos atrasados a tu deforme y contrahecho ayudante.
Una serie de golpes en la puerta que te recuerdan a la melodía que utilizaba Balá en su programa interrumpen los profundos pensamientos a los cuales te hallas entregado. El hecho te sorprende pues no esperabas visitas ni tampoco que sean tan robustas, pues no dejan de golpear la puerta cada vez con más ímpetu. Sea quien sea, esperas que esté dispuesto a aceptar un trago de alguno de tus pestilentes brebajes.
Debes tomar una decisión rápida, más exactamente antes de que el patovica que llama a la puerta termine por derribarla.
- Si le ordenas a Igor que vaya abrir mientras terminas de preparar otra de tus ocurrentes pociones, haz un clic aquí.
- Si decides, en cambio, ir a abrir la puerta tú mismo, haz un clic aquí.
- Si te cabe más dejar de leer estas pelotudeces, eres un hombre sensato.