| Editorial La Bondiola |
Eres un Alquimista del Siglo XVIII
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Le dices a Mandinga:
-Lo llamaba para jugarle un partidito de truco.
Esperas que Don Sati se mande una de las suyas imponiendo una apuesta por el alma o algo así, pero se ve que la timba lo deja realmente estúpido y con una sonrisa de oreja a oreja en su rostro sólo atina a decir:
-¡Vengan esas cartas!
A la segunda mano agradeces que no se le haya ocurrido hacer ninguna apuesta, porque te das cuenta que nunca en la vida te sacaron el cuero tan fiero; tú y tu contricante están empatados en cinco puntos, con la sutil diferencia que él está en las buenas y tú en las malas.
Das las cartas y miras las tuyas con atención. Te han tocado el seis y la sota de espadas y el tres de oros, y empiezas a preguntarte qué carajo harás. El diablo te saca de tu ensimismamiento cantando:
-¡Falta envido!
Comienzas a sudar frío. Sabes que si pierdes esta mano, cosa bastante probable con esas cartas de mierda, eso significaría perder el partido; por otra parte, si llegas a ganar esta mano, lograrías acortar admirablemente la distancia que te separa de tu contrincante.
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