TERCER ENTREGA: Finales 21-30

21

Otra copa de ron. Las olas cada vez más grandes, el sol cada vez más bajo. Y ese dolor de cabeza que no deja ni siquiera respirar la brisa del anochecer.

Anochecer en La Habana
Ernesto Ruedas
Brinche Editores
La Habana, 1982

22

Ya no sabía si agradecer o maldecir , su deseo se había hecho realidad.

Pecado Venial
Susan Solangen
Gebirglandshaft
Dusseldorf, 1911

23

...pesado, se sentía pesado como nunca en su vida....unos cuadros blancos y negro flotaban a su alrededor –Soy Michael- expresó en voz baja. Todos fingieron no oírle.

El caballo del llano
Valentín Fri. Goloboff
Vardicheff
Moscú, 1811

24

Sus manos en los bolsillos tantearon unas pocas monedas y faltaba mucho para el amanecer. Antes de seguir caminando optó por arrojarlas a aquel viejo río, como se fuera a pagarle el favor, del cual ahora estaría liberado.

Deuda de honor
Federico Inzúa
Lameter &Co.
San Julián, 1999

25

Azucena lo miró con dulzura, como tratando de comprenderlo, Juan le tomó las manos sin saber bien por qué y no se atrevió a besarla.

Rincones de hastío
Merryl Sant James
Souvenir
Montevideo, 1972

26

Los dos sabían que El Gran Golpe tendría éxito sin ninguna duda, entonces decidieron que mejor el martes no, ese día su madre no lee los diarios. Decidieron esperar hasta el jueves.

La bondad de Judas
Natalia Rodríguez
Sinsabores
México D.F., 1986

27

El Sábado de Gloria transcurría en paz, Dalton se secó el sudor. La pared estaba levantada y Smith pagaría por fin a gusto, sin gritar, sin que él lo tenga que amenazar con la muerte.

Vida sin sacramentos
Eloy Dasken
Editores Cascaé
Sevilla, 1948

28

Perecía un vals, no... parecía un minuet, no, parecía un rondó... no; parecía un lied ruso... lo que en realidad parecía es que la música no era su fuerte.

El examen de Brief
Alvaro Pernal
Tolva-Sánchez
Barcelona, 1964

29

Increíble, esos que hablaban eran sus labios, no sus razones, pero eso era lo que siempre le había querido decir. Más adentro del jardín parecía que el sol se había escondido.

Pereza del verano
Michael Vass
Sental y Plaza ediciones.
Buenos Aires, 1955

30

Jack se quitó el saco y prendió un habano, sentándose a la derecha del el viejo. Esta vez no le quedaban opciones, por cábala tosió tres veces y pidió el mazo de cartas. Era el mismo que en la noche anterior.

El lagarto escocés
Fred harrissohn
Dinasty
New York, 1948


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