QUINTA ENTREGA: Finales 41-50

41

-Por todos los santos, Manuel... Esa es tu bandera y la izarás aún si llueve. Marcos lo quería así.

Contentos por sufrir
Celina Miranda
Oruro 1980

42

Anochecía, solamente, pero no lograba tener una sola idea. De repente lo supo: lo llamaría Frazer Palumbo, por fin lo sabía...

Sólo un pequeño nido
Ruth Dair
Gómez y Gómez
Barcelona 1904

43

En ese pequeño estuche de ébano no entraban siquiera los pocos dólares que había logrado encontrar esa tarde, pero era más pequeño aún para guardar las cartas que le escribiría Denis.

Noche de Gloria
Noel Nistanshon
Braga Editores
Bahia Blanca 1960

44

Horas después en Boston seguían cayendo las hojas. Comenzaba el otoño y se encenderían las luces de las casas construidas en la periferia.

La venganza de Pailos Lench
Mikos Boulevard
Sanit & Co.
Belgrado 1989

45

Creyó ver ocho marcas doradas en las charreteras, sabiendo que era imposible, entonces se cuadró. Horas después no sabía cuando terminarían sus horas de prisión.

Sin luz
Antonio C. Plirotto
Cart Bücher
Dublín 1873

46

Simplemente Nancy le preguntaba cual era el precio y le explicaba que no había problema en comprarlo. Jennifer dio un portazo y se marchó.

Sangre y anís en Montreal
Felipe Doufur
Pazos y Ullanda
Santiago 1953

47

Buscó afanosamente los tickets en cada uno de sus bolsillos, en la billetera, en los compartimentos de su bolsa de mano, en los pliegues de sus ropas, entonces sonó el teléfono.

Volcán efímero
Gastón Zaldívas
La Fontana
Milán 1936

48

Loca por aquellos recuerdos Laurita cerró los ojos, para tenerlos más a su alcance.
Pedro imaginando su pedido la abrazó muy fuerte. Su aliento de tabaco barato le inundó el rostro.

Encuentro de Soccer
Anita Salminut
Echeverrí Ediciones
Gualeguay 1969

49

Siembre había querido ser arquitecto y sabía que gracias a ese trato no lo lograría. Pero lo que también sabía es que su vida tomaría otro cariz. Ahora cuidaría para siempre de la Tía Clara y esos animales.

El jardín de azaleas
Juana Pérez Zapiola
Trigal y Cía
Buenos Aires 1999

50

Comenzaba a recordar el comienzo del versículo que le citó el Profeta. “Porque todos en El Reino conocerán al hombre del espíritu y su mujer será de hojas y fuego.....”
Ya en la casa de Liz habían finalizado de peinar al pequeño Juan Carlos.

Sin razones para confiar
Elizabeth J. Passeron
Passeron &Co.
Boston 1960


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