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La Voz del Lago Logan - lunes 22 de noviembre de 1999
El Rincón de la MemoriaSan Dóval: una vida de milagros
Por empezar, no se sabe a ciencia cierta cuándo nació, aunque se cree ocurrió en los albores del siglo XIX. Tampoco se conoce si tuvo padres aunque estudios recientes afirman que los tuvo. En 1818 ingresó al seminario pero salió enseguida para comprar cigarros y nunca más volvió, horrorizado por las costumbres ascéticas allí imperantes. Se hace necesario aclarar que Dóval era un hombre de espíritu voluptuoso y, por qué no decirlo, de generosa busarda o buzarda. Alto, barbado y gordo, Dóval inspiraba temor entre los habitantes de Logan City por lo que decidió retirarse a la campiña para vivir como ermitaño. Al principio la adaptación le resultó un tanto penosa, especialmente el día en que fue desflorado por un oso (aunque la Iglesia insiste en negar la existencia de este hecho; incluso hasta entrado el siglo XX, negaba la existencia de los osos). Finalmente, logró sobrevivir a base de cazar jabalíes aprovechando su gran parecido físico con esta especie para mimetizarse. De esta etapa de su piadosa vida nada más se sabe excepto que, dada su inclinación sacerdotal, se avocó a la conversión al cristianismo de cuanto bicho encontraba en el bosque. Hacia 1830, harto de la soledad de los bosques y de la masturbación, se ordenó como labriego en un latifundio de la zona oriental del país. Cierto día, su patrón Walter Tse Tang le ordenó, como prueba de aptitud, plantar 270 bolsas de semillas en cuatro horas. Sus camaradas le decían, con razón, que la prueba es imposible de realizar. Pero Dóval operó allí su primer milagro, a la hora y media fue ver al patrón y le pidió 500 bolsas más por que se estaba aburriendo. "¿Cómo? ¿Ya habel telminado?", indagó sorprendido Tse Tang. Dóval respondió que hacía un cuarto de hora que había finalizado (hay quienes afirman que Dóval fue ayudado por sus veinte compañeros; otros dicen que las tiró por ahí -ver "Me cago en San Dóval" del Lic. Herri Castex-). Contento, el patrón quizo ascenderlo a capataz pero Dóval le contestó que había elegido una vida desprovista de ambiciones, poderes y riquezas, y que debía marcharse y seguir predicando la fe. Antes de partir, Dóval le pidió a Tse Tang como favor un carruaje bellamente adornado tirado por los más briosos corceles. "Es que el camino de la fe es largo y mis fuerzas, cortas. Se lo devolveré a la brevedad". Tse Tang jamás volvió a ver a Dóval ni a su carruaje. Según las crónicas más confiables, Dóval fue vuelto a ver en la ciudad portuaria de Báltimor, en la orilla sur del lago Logan, hacia 1840, desempeñándose como cochero. Los pobladores afirmaban que podía realizar el milagro de cubrir el trayecto entre el puerto y los límites de la ciudad en menos de tres minutos (este milagro es refutado por el licenciado H. Castex en su obra citada, con el argumento de que en ese entonces dicho trayecto no era mayor que medio kilómetro). Además, se afirmaba que todo aquel que subía al carruaje de Dóval, sin importar cuán miserable fuera su vida y sin distinciones de sexo, edad o credo, se bajaba del carro inmensamente feliz, con la mayor de las sonrisas en el rostro (aquí, por respeto al santo, no reproduciremos la malintencionada interpretación de Castex). Enteradas las autoridades eclesiásticas de Logan City de los supuestos milagros de Dóval, una misión fue enviada a Báltimor en 1842 para entrevistarlo. Durante el encuentro, según testigos, se le pidió a Dóval que demostrara la veracidad de los rumores, debiendo realizar éste un milagro en el acto. Instantes después se desató en Báltimor una feroz tormenta, que causó el hundimiento de decenas de barcas de pescadores. La Iglesia demandó su inmediata expulsión del Lago Logan y el embargo de sus bienes en favor de ella. Como ningún barquero se animaba a cruzarlo a través del lago, Dóval tuvo que andar a pie los 300 kilómetros que separan Báltimor de la frontera terrestre con la entonces República de Begonia, hoy anexada como provincia a nuestro país. Distintas crónicas de viajeros afirman que durante la larga caminata se alimentó de panes que hacía surgir de debajo de las piedras y que sus pies descalzos no mostraban la menor llaga (Castex rechaza estas afirmaciones. Dice en la página 386: "(...) Con la busarda o buzarda que tenía, el gordo ése bien podría no haber necesitado comer en meses (...) Y dudo que alguien siquiera se hubiera acercado a sus patas mugrosas y malolientes"). En Begonia se dispuso a enmendar su trágico error: se dedicó a ser el mayor benefactor de los pescadores. Aprovechando su voluminoso cuerpo se empleó como carnada humana. Al final de cada jornada, los pescadores regresaban con canastos llenos de bacalao, mientras Dóval se quedaba lavando sus barcas y cuidándolas toda la noche. Un día de 1846, Dóval no aguantó más el cansancio, se hundió y se ahogó. Dicen que fue a partir de ese día que aumentó la temperatura de las aguas del lago Logan, para abrigar al santo (según Castex, lo que aumentó ese día fue la profundidad del lago). San Dóval tiene hoy un barrio con su nombre en Logan City. San Dóval es también hoy en el Lago Logan el patrono de los labradores y de los taxistas; en la provincia de Begonia es el santo de los pescadores y de los cuidadores de autos. Para la familia Tse Tang es el patrono de los ladrones. Para Castex es un gordo boludo. Herutito de Lago Logan |
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