La Voz del Lago Logan - lunes 139 de diciembre de 1999


El Rincón de la Memoria

Evocación de Roque "El Lince" Cicotazzo
El Campeón de todos los rings

Ya de chiquito se lo veía venir. Dicen que, recién nacido, al médico que le dio su primera palmada le surtió un uppercut que lo noqueó ante el estupor de las enfermeras. Mucho dicen las voces populares de este azote de las cuerdas que nos llenó de orgullo en los años 40, cuando con menos de 20 años y ya con una prominente panza a cuestas, hizo las delicias de miles de loganienses.

Escena de pugilato

En su infancia, Cicotazzo era un apasionado espectador de las peleas organizadas por la Municipalidad en las plazas. El decimocuarto pendejo de la quinta fila del fondo empezando por abajo es él.
 

Su infancia no fue fácil. Su barrio natal de Villa Pantano era por entonces un lodazal en el que sólo se erigían unas pocas chacras. Los camiones de la Compañía General Loganiense de Cloacas pasaban por allí a toda hora, enchastrando los jardines acuáticos de los vecinos, mofándose de los pobretones a los que les arrojaban las heces de la más fina alcurina loganiense.

La familia de Cicotazzo era humilde. Roque no iba a la escuela y pasaba las horas aprendiendo a esquivar a los camiones que intentaban atropellarlo, pues impactar pobres era la diversión de los basureros de aquellos años. Así fue perfeccionando el juego de cintura que lo haría famoso.

La primera trompada certificada se la pegó, precisamente, a un camionero. Le asestó un certero derechazo en la frente y el conductor cayó redondo al piso. Cicotazzo tenía apenas 10 años y se maravilló ante su propia fuerza. Esa tarde golpeó y noqueó también a todos sus amiguitos de la zona, a su madre, al cura del barrio, a dos médicos, a un bombero y hasta al entoces cabo García, aprendiz de vigilante de la zona.

Fue el mismo cabo García el que decidió introducirlo en el mundo pugilístico. Primero lo usó de niño de riña. Cuentan que así hizo García sus primeras ganancias turbias, llevando a Roquecito Cicotazzo a los fondos de la comisaría 6ta. y soltándolo para pelear ante los niños apadrinados por otros policías. Pero había más en el futuro de Roque, ya por entonces apodado "El Lince" luego de que un comité médico descubriera que el joven era ciego del ojo izquierdo.

Cicotazzo abandonó el padrinazgo de García y se puso en manos de Tulio Agnolotti, un coacher de la Federación Pugilística Loganiense (FPL) que lo manoseó y que por tal motivo murió cagado a tompadas una madrugada invernal. Cicotazzo fue absuelto del crimen dado que los jueces habían apostado a su favor en la pelea por el Título Interloganiense de Pesos Pesados. Días después El Lince le rompía la crisma al anterior campeón, cuyo nombre nadie recuerda y a nadie le importa. De allí a la fama. Logan City, New York, Paris, Puerto Mont, Baltimor. El Lince era el deportista más exitoso del momento. Sus fiestas privadas eran la envidia del más selecto Jet Set mundial.

Dinero, mujerzuelas, automóviles de lujo, alcohol, drogas, tomates enlatados y aceitunas descarozadas. Todo tenía lugar en la buzarda de El Lince, que no se resistía a ningún placer, que quería más y más. Aunque su panza crecía él era una columna imbatible, seguía pegando fuerte, seguía haciendo temblar a los principales rings del planeta, sobre todo cuando saltaba. Con 19 años lo tenía todo. Hasta que una mujer le robó el corazón.

La ingrata fue Eustaquia D´Ellicia, una joven y aristócrata estudiante de medicina que le dijo a Cicotazzo en el cuarto de su mansión: "Yo soy la que te va a robar el corazón". Cicotazzo la vio, la sintió, supo lo que le esperaba, pero su orgullo, los cientos de kilos de más que arrastraba y la poderosa borrachera que nublaba su único ojo bueno pudieron más que él. "¡Qué vas robar, vos, mamita! Acercate un poquito que te voy a... zzzzzzzzzzzzzzzzzz".

Eustaquia le insertó un bisturí en medio del pecho, pero el metal no fue suficiente para atravesar la capa de grasa que protegía al corazón del hábil púgil. Hubo de bajar a la cocina y subir dos cuchillas de carnicero, una pala, una taladradora automática y una radio portátil para no aburrise mientras deshollaba al Campeón. Una semana después, en pleno ataque de éxtasis, salió por el barrio residencial de Santa Perinola a exhibir su sangriento trofeo: el corazón de Cicotazzo en una mano.

Los más selectos vecinos de lugar comprobaron raudamente lo que decía la jovencita, que más tarde sería detenida y luego enviada a una prisión cinco estrellas en la isla de Saint Martin, donde todavía vive hoy con el corazón de Cicotazzo en el freezer.

El campeón fue sepultado con galas militares y diplomáticas en el entonces cementerio flotante de Villa Pantano. Claro que con la crecida de 1960 su cadáver quedó a la deriva (al igual que los de todos los próceres de la patria que se hallaban allí sepultados) y nunca más se supo de él (ni de los demás).

Todos sus bienes terrenales pasaron a manos del Presidente loganiense de entonces, cuyo nombre nadie recuerda ni a nadie le importa porque poco después daría su exitoso golpe de Estado el excelentísimo José Angel Garrotes de Cadenas, que gracias a Dios aún nos gobierna y que se alzó también, como corresponde, con la fortuna de Roque "El Lince" Cicotazzo.

Esa es la historia, la leyenda, de nuestro campeón, que todavía continúa alimentando a las voces populares. Dicen que aún vive en el agua. Unos aseguran que es él quien, enojado (vaya uno a saber por qué, pero enojado) azota a nuestros pesqueros en las costas de Baltimor. Otros afirman que por conductos subterráneos logró llegar hasta nuestro querido Lago Logan, se apareó con la ostra Porota, y engendró a Logancito, el simpático monstruo retardado que hace las delicias de los turistas cuando aparece. Pero esa, ya es otra historia...

 

Egberto Pascoal
Presidente de la Mutual del Círculo de Periodistas Deportivos del Lago Logan