La Voz del Lago Logan - lunes 258 de diciembre de 1999


El Rincón de la Memoria

Historia de un simpático patriota

Hoy narraré la historia del General Sampaio Tzarakis, héroe del Lago Logan por su destacada participación en las guerras imperialistas del siglo XVIII llevadas a cabo orgullosamente por nuestro país contra nuestros países vecinos y hermanos, hoy anexados todos.

Sampaio Tzerakis nació en Brasil en 1704 fruto de una relación fugaz entre un marino lituano, eyaculador precoz, y una prostituta brasileña, que cobraba por minuto. El marino regresó a Brasil unos años después y se llevó al niño con él pues, de acuerdo a su ética, juzgó inapropiado y peligroso dejar su crianza en manos de una ramera. Curiosamente, durante el viaje y en plena borrachera, arrojó al niño al océano.

Luego de varios días aferrado al cadáver de un pirata que pasaba por ahí, Sampaio llegó a las costas de España. Sin más compañía que el cadáver del pirata, el niño arribó a Sevilla en 1709 y comenzó a mendigar. Pronto quedó solo, pues su amigo el pirata despertaba tanta compasión con su malograda apariencia, que un día una señora se lo llevó a su casa para "alimentarlo y ponerlo fuerte para nuestra boda", según sus propias palabras. Tras muchos padecimientos, Sampaio fue adoptado por un severo militar sevillano que lo inició en la instrucción y lo envió a la Academia de Oficiales.

En 1725, Sampaio Tzarakis egresó como Teniente Coronel de la Caballería Real española. Pronto fue enviado a Polonia como escolta del Embajador español. Tras un penoso viaje a través del continente, la comitiva hizo su entrada en Varsovia. En ese momento, un viejo marino se acercó a los jinetes con lágrimas en sus ojos. Sampaio no podía creerlo. Sin perder tiempo descendió de su corcel y abrazó, emocionado, al marino. "Os compro todas las cebollas. Son baratísimas, no puedo desperdiciar vuestra oferta". Luego de cargar las tres bolsas, se despidió del marino y la comitiva siguió su camino.

Cuando llegaron a la residencia del Embajador, uno de los oficiales de la escolta le informó a Sampaio que la orden secreta del Rey no era proteger al Embajador, sino ultimarlo inmediatamente una vez en Varsovia. Sampaio, pensando en un futuro ascenso, desenvainó al instante y se dirigió a la habitación del funcionario donde consumó la ejecución ensartándolo de lado a lado. "Hecho", exclamó el héroe. "Perdónalo, Señor, porque no sabe lo que hac...", murmuraba el Embajador retorciéndose entre las patas de una silla al tiempo que Sampaio lo remataba rebanandole el pescuezo. En ese momento entró en la sala una anciana adivina gritando que un espantoso crimen se cometería allí, pero al notar que el crimen ya se había consumado, optó por retirarse de inmediato dando un brinco por la ventana, lo que le provocó una fractura de cervical que la dejaría inválida el resto de sus días. "¿No le habrás matado, bruto?", preguntó el mismo oficial, quien, ante el gesto afirmativo de Sampaio, creyó oportuno aclararle que era todo una broma que le había gastado pues tal era la costumbre de este oficial. "¡Huye o te condenarán!", intervino la adivina lisiada, ya recuperada del tremendo porrazo.

Sampaio se marchó hacia el mar y se embarcó en un pesquero ruso. Pronto el pesquero se rindió ante el oleaje y, tras breve pero emotiva ceremonia, se hundió para siempre. Sampaio se alegró de volver a encontrar a su amigo el pirata flotante, quien lo transportó hacia una playa mientras le narraba los avatares de su frustrado matrimonio en Sevilla. En la costa se enteró de que el país en el que había caído en suerte era el Lago Logan, y sin dudarlo se dirigió hacia un cuartel para alistarse en las filas del magnífico ejército de nuestra gloriosa nación.

En 1730, nuestro país declaró la guerra a todas las naciones vecinas sin ofrecer ninguna explicación, puesto que no había realmente explicación alguna. Al ahora general Sampaio Tzerakis se le confió el mando de los ejércitos y los condujo batalla tras batalla a la victoria total en 1781, cuando tras más de cincuenta años de sangrías y miseria, los generales de los países involucrados decidieron reunirse y acabar la guerra de una vez y para siempre. Los naipes favorecieron a Sampaio y desde entonces los rostros de nuestros presidentes están en los billetes de todas las naciones derrotadas. Tal el valioso triunfo obtenido por nuestro héroe patrio.

 

Herutito de Lago Logan
Historiador y trompetista de la banda del geriátrico "El Ocaso"