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El problema no fue que nuestros atletas llevaran toneladas de anfetaminas encubiertas en envoltorios de caramelos, ni que intentaran y lograran propasarse con un equipo de jugadoras de hockey de nadie se acuerda qué país (y que a nadie le importa). Por suerte nadie se dio cuenta de eso.
Al parecer, nuestra escuadra de lanzadores de tortugas habría trocado gentilmente sus pasaportes con la delegación japonesa de natación para no tener que hacer colas en la aduana. Pero los malditos amarillos se hicieron los giles y dijeron (¡tuvieron el tupé!) que los documentos les habían sido sustraídos.
Por este motivo, todos los deportistas que representan al Lago Logan ante el mundo se encuentran actualmente demorados y no han podido acceder todavía a la Villa Olímpica.
Gerardo Antúnez, capitán de nuestra delegación, aseguró que a él todo le importa un carajo y que si no los dejan entrar igual están contentos, porque en Australia hay lindas olas para surfear y muchas chicas en bikini en la playa.
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La Sra. Irene Smith de Wesson, presidenta de la Asociación de Madres con Permiso de Portación, lamentó que nuestros representantes en tiro al blanco no tengan la oportunidad de mostrar su talento.
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