Cuentan los historiadores que todo comenzó por un problema menor: el caballo del Rey Calisto IV, del reino de Logania Occidental, tropezó con una tortuga nativa (de la especie "Quelonius Loganiensis Loganiensis") de las que continúan abundando hoy en nuestro territorio. Ese tropiezo hizo que Calisto IV cayera estrepitosamente de la montura. Indignado, cogió al quelonio por el pescuezo y lo arrojó hacia unos arbustos, con tan lamentable suerte que el acaparozanado animal fue dar contra la nuca del rey Livio IX, del reino de Logania Oriental, que se encontraba haciendo el amor con Lady Clara de Nalotapia. Al verse Livio IX interrumpido en sus quehaceres, no pudo contener su ira y de inmediato declaró la guerra a su vecino, incluso antes de volver a subirse los calzones. Los sucesos por venir serían recordados durante los siglos posteriores con amplio pesar por unos y con eufórica algarabía por otros. Conocido es que ninguno de los dos reinos contaba con recursos suficientes para la fabricación de armas de guerra que abastecieran a la totalidad de sus ejércitos. Por ello fue que, una vez agotadas las que tenían, continuaron la disputa empleando a los mencionados quelonios a la vez como armas, cascos e incluso escudos. Las tortugas eran arrojadas con hondas, gomeras y catapultas hacia los rivales al grito de "¡Putos! ¡putos!", quienes a su vez protegían sus cuerpos y cráneos con las caparazones de los animales muertos. Era el origen del luego tradicional regimiento de "Cabezas de Tortuga", que es hoy día la escolta personal de nuestro soberano señor Presidente. La encarnizada contienda quelónica duró siete días, durante los cuales mermó considerablemente la cantidad de combatientes y de tortugas vivas. Finalmente, Calisto IV se impuso a su rival en una arriesgada maniobra, cuando logró rodear a las distraídas tropas de Livio IX, que jugaban un partido de "Rompepies" (antecesor del viejo balompié y del fútbol actual) con un quelonio particularmente esférico que habían encontrado cerca de un árbol. Livio se rindió y abdicó su corona en favor de Calisto IV, quien unificó los reinos dando forma a lo que hoy conocemos como Lago Logan. Luego de esto, Calisto IV se dedicó a fornicar con Lady Clara de Nalotapia, y murió unos años después de una patada en el culo que lo arrojó por los riscos cercanos a la actual ciudad de Báltimor. El autor del atentado jamás fue identificado, aunque muchos señalaron al barón de Nalotapia, cornudo esposo de Lady Clara y acreedor de Calisto IV, quien gustaba de jugar a los dados. En conmemoriación de aquella épica batalla y de las tortugas caídas en el deber es que se celebra todos los años la "Semana de la Tortuga", durante la cual los ciudadanos loganienses deben llevar una tortuga atada a la cabeza y una polera color verde tortuga. Nuevamente, como todo los años, quienes no cumplan con la tradición serán fusilados en la Plaza de la Libertad, tradicional campo de ejecuciones. |  Este mural que muestra al Rey Calisto IV con su corcel "Escupitajo", se encuentra en el cielorraso de un baño de la Casa de Gobierno del Lago Logan. |