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Es de noche en Buenos Aires. La calle Maipú yace sobre el territorio nacional sin muchas novedades, acostumbrada ya a no ser testigo de nada. Pero llegando a la Plaza San Martín, se yergue un majestuoso salón con reminiscencias góticas. Lejanas reminiscencias. Tan lejanas que sólo el ojo perteneciente a un estudioso de la arquitectura del Renacimiento en adelante podría notar el detalle. Pero reminiscencias al fin. Y sobre la puerta de entrada, una bandera de la Cooperativa Cultural La Bondiola flamea al viento, libre, prepotente.
Entramos al salón y nos recibe un joven que nos hace pasar muy amablemente luego de que desembolsamos el correspondiente elemento pecuniario. Entramos y nos vemos inmersos en un torbellino de preparativos y puestas a punto de la fiesta que está por comenzar o que, para algunos, ya ha comenzado.
En las mesas hay algunos comensales que, ni lentos ni perezosos, están bebiendo, conversando y esperando impacientemente la presentación de El Buda que Fuma, primer conjunto musical que actuará en esta noche de gala. Uno de ellos es Andrés Coda, sentado en un rincón, que observa el panorama silenciosamente y calibrando cada movimiento de los concurrentes mientras bebe su fermento de cebada. Cada tanto, se sientan a su mesa otros personajes: Gordon von Wirma, Nebulosa S106, y otros anónimos. Coda, como un Señor Miyagi occidental, imparte sabiduría a quién esté dispuesto a asimilarla.
En la mesa de al lado se encuentra Diego Papic, bebiendo la primera cerveza de las muchas que tomará esa noche. Luce una remera del Capitán Piluso muy poco apta para esa velada en donde prima la elegancia, unos jeans demasiado cool y unas zapatillas verdes sencillamente impresentables. Y eso que no le vimos los calzoncillos. No deja de fumar. Algún día se va a morir.
Los hacedores del festejo corren de un lado para el otro. BJC parece Speedy González y, según averiguó este cronista, será propuesto por Garrotes de Cadenas para representar al Lago Logan en las próximas olimpíadas en las categorías de cien metros llanos y de salto en alto. Sus aptitudes se pudieron apreciar ampliamente todas las veces que el muchacho saltó el mostrador en ambas direcciones. ¡Fuerza campeón!
Gordon von Wirma es ubicuo. Siempre con una lata de cerveza en la mano y ocultando su DNL para pasar lo más desapercibido posible, se las arregla para colaborar en todo lo referente a la organización, conversar con Coda, con Papic, con Dios y con María Santísima -que asistieron a la fiesta, por supuesto-.
Diego ORei, un poco más tranquilo, trata de evadir responsabilidades e intenta acercarse a la puerta para controlar el ingreso de los festejantes. Cada tanto, masculla cosas del estilo de "mirá esa mina", "buenas tetas" y cuando ve ingresar a un grupo de mujeres con promedio mayor que seis, se trepa a las paredes y aúlla como Tarzán.
Pátton K. Santos, muy solícito, reparte maníes por las mesas en pequeñas palanganas amarillas y de plástico, de un estilo muy rococó. Ya no sabe cómo hacer para que la gente beba más y engorde las arcas de la Cooperativa.
En eso, hace su entrada Fabián Piedras. Majestuoso, imponente. El último hacedor de La Bondiola en llegar parece consciente de su status de estrella de rock (es uno de los miembros más carismáticos de Cerveta y los del cuetazo). Saluda a un par de personas estratégicamente, sabiendo que una mezcla de interés y desdén contribuyen a crearle esa imagen de mito viviente. Piedras se pasea orondo por todo el salón con su tranquilidad zen que contagia a todos menos, por supuesto, a BJC, que sigue corriendo de un lado al otro y saltando por sobre el mostrador, a esta altura por simple gusto.
Entonces empieza a tocar El Buda que Fuma. El sonido jazzero y cool distiende el nerviosismo y la euforia de todos -menos de BJC, claro- y los asistentes nos disponemos a disfrutar de tamaña demostración de destreza con los instrumentos musicales de cuerdas, pero también con los de percusión -aunque fue desmentido en un comunicado oficial, este cronista puede afirmar que el de la batería era Manuel Wirzt-.
Mientras suenan los acordes de Norwegian wood, de Los Beatles, pasada por el tamiz artístico de El Buda que Fuma, Nebulosa S106 conversa con Andrea Asanelli y su chica (la de Andrea, que es hombre [Andrea, no su chica, que es mujer]) sentados en la escalera; Diego Papic observa el museo itinerante del Lago Logan con una envidia traslúcida por no haber sido él el autor de esos chascarrillos que derrochan ingenio por sus cuatro costados; y Andrés Coda mira y escucha en silencio, analizando mentalmente los arpegios y las escalas, encontrando diferencias y similitudes con la música dodecafónica de Juan Carlos Paz, y buscando el concepto estético detrás de la subversión de los Beatles.
La barra, allá al fondo, sigue trabajando sin sosiego. La cerveza corre a raudales y los maníes se despachan en cantidades industriales. Un miembro de La Bondiola, solícito, reparte maníes por las mesas en pequeñas palanganas amarillas y de plástico, de un estilo muy rococó.
El Sargento García, oculto adentro del bombo de la batería de Manuel Wirzt, observa todos los movimientos y anota en su libreta a los sospechosos de siempre.
Llega la Señorita Carolina en zapatillas ignorando todas las reglas de etiqueta existentes o por existir y saluda a Nebulosa S106. El dúo sube las escaleras en busca de emociones fuertes. La Señorita Carolina, con zapatillas y todo, las encontrará.
El Buda que Fuma termina su presentación luego de un cerrado aplauso, y los presentes más deseosos de rock and roll se dirigen al primer piso a presenciar la entrega de la botella de Fruticello al ganador del concurso.
Arriba, el ambiente es absolutamente distinto. DJ D-Sastre prepara junto con DJ D-Monio y DJ Juan Carlos la maquinaria para una noche de dancing, la bola de espejos da vueltas -adentro se oculta, sin que nadie sepa como ingresó, el Sargento García anotando en su libreta a los sospechosos de siempre-, la gente está extasiada, y Gordon von Wirma hace uso del micrófono, da la bienvenida, y anuncia que se hará entrega de la botella de Fruticello al ganador, Vicente Artesonado. En teleconferencia, Vicente nos saluda desde España. Gordon le hace entrega de la botella y Vicente agredece, se la toma toda, y sigue agradeciendo hasta que se corta el satélite. Esperamos noticias de él.
Y entonces, cuando los ánimos ya están bastante caldeados, se larga Cerveta y los del cuetazo. Carismáticos, virtuosos, con la poesía a flor de piel, estos muchachos dan el show de sus vidas, y de las nuestras. Derrochando energía y armonía, el power septeto recorre hits propios y ajenos haciendo mover el esqueleto a todos los presentes. Circe está poseída por la música y se contonea sobre la pista como Olivia Newton John en Grease. Gordon también, pero se parece un poco más a John Travolta.
Cuando termina la presentación Cerveta y los del cuetazo, DJ D-Sastre, DJ D-Monio y DJ Juan Carlos lanzan su ataque sobre la pista. Los asistentes empiezan a bailar frenéticamente y comienzan a darse las primeras bajas. Papic se retira haciendo mutis por el foro -nadie supo bien por qué- y Monsieur Le Canapé es retirado en ambulancia debido a una excesiva ingesta del líquido elemento -alcohol, en este caso-.
Pero también llegan nuevos personajes. Empezando por Ermanno Claypool y, sobre todo, Mesaglio. Cabe destacar que Mesaglio apareció en bermudas y con su hija de seis años, detalle que el Sargento García -escondido adentro un parlante- apuntó en su libreta y que enviará luego al Juez de Minoridad del Lago Logan.
Hacia las ocho de la mañana, Diego ORei ya se ha marchado con la Señorita Carolina -el Sargento García, escondido a esa altura adentro de una latita vacía de cerveza, envió un móvil para seguirlos y evitar que tuvieran sexo prematrimonial-, algunos siguen bailando descontroladamente y los miembros de La Bondiola intentan disuadirlos, apelando incluso al desabotonador baldazo de agua fría.
A las diez, todo ha terminado. En Buenos Aires, una nueva mañana comienza. BJC está corriendo alrededor de la Plaza San Martín para descargar energías y el Sargento García come pizza de garrón en Ugis.
Emir Pápich Mejor promedio de tercer grado en la Universidad de Venado Tuerto
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En una página que sacamos también tarde pero que acabamos de acomodar mejor en el archivo para quedar bien, tienen un montón de fotos de la fiesta.
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