La Voz del Lago Logan - lunes 832 de diciembre de 1999


Espacio literario

 

Palabras más, palabras menos

(un cuento al que le faltan algunas)

Esa mañana hacía. Los pajaritos cantaban, posados sobre las. El edificio era bastante. Etelvina la puerta con energía. Nadie contestó, entonces golpeó otra. Adentro, su respondió:

-¡Ya!

El hombre abrió la. O, lo que es lo mismo, hombre abrióla.

-Pasá, querida, ¿estás?
-Si, acá.
-Ya. Pregunta era cómo.
-¿Cómo parece estoy? ¿Sos o te hacés?

Etelvina se puso. Su también.

-Calmate, no te nerviosa. Contame pasó.
-No te hagás el. ¡Te ví mina!
-Era disfraz, Etelvina.
-Quiero decir que te vi con una.

Hombre mudo, enrojeció.

-Etelvina, ¡no pensás!
-¿Qué?
-No es lo que vos, Etelvina.
-¿Qué no va a ser lo que yo? ¡Es lo que yo y mucho más, pedazo de!
-Con esa es distinto, no como vos.
-A todas le lo mismo.
-No, juro. Fin y cabo, de algo tengo que vivir, Etelvina.

Etelvina hervía odio. No podía creer la desfachatez de su.

-¿Joda? ¿Conmigo no alcanza?
-Cosas difíciles, Etelvina. Inflación cero pero costo vida nubes.
-Fríos números. ¿Sentimientos? –balbuceó Etelvina y se largó. Se quedó ahí, lo que quiero decir es que llorar.

El de Etelvina lo excitó. Hablo del llanto, no del. Aunque el también le gustaba mucho. Para consolarla, la arrojó sobre el y le subió la. Luego le bajó la. Comenzaron a hacer el.

Luego de 45 o 50, tocaron la puerta. Hablo de minutos, no de. Etelvina y su se levantaron y se arreglaron un poco.

-Está. Yo te. Me rompiste el, pero no puedo sin vos –dijo Etelvina.
-Vos dijiste te gustaba.
-Hablo corazón, tontito.

Etelvina le dio cien pesos a su y se fue. La otra paciente entró, y sin tanto palabrerío se sacó la y se tiró en el diván con las abiertas.

Diego Papic