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Rubencho Rizzo (47) vende helados en las calles de Villa Garcés y los chicos lo adoran. Todos los días se calza el traje blanco, se peina con gomina, se abulta la entrepierna con una media -"de coqueto nomás", dice- y sale con su carrito. La rutina de Rubencho no tiene nada de especial, excepto aquellos días en que algún pibe se encapricha con el gusto a sandía y no queda más remedio que aplicarle un ostiazo de esos que Rubencho aprendió en sus mocedades en el curso de Ninjutsu. Pero eso es una rareza en el transcurrir parejo de sus días. ¿Por qué nos ocupamos de él entonces?
Sucede que Rubencho Rizzo nació como Oninewa Kashihara en Osaka, Japón. Es uno de los cientos de turistas japoneses estafados que arribaron a estas tierras hace algunas semanas. Sin embargo, ya ni acento tiene. Su adaptación fue sorprendente y su caso no es ninguna excepción: casi todo el contingente de turistas nipones ya se ha instalado en distintas localidades loganienses, ha conseguido un trabajo y maneja el idioma con fluidez asombrosa. Los ejemplos abundan.
Gertrudis Asimovich es de Kyoto pero ya no recuerda ni la calle en que vivía. En cambio, recita de memoria el recorrido de la línea 69 que se toma todos los días para ir de su casa a la tintorería que ha instalado. "Decidí abrir la tintorería por tradición familiar. Mis padres lavaban dinero y mis abuelos planchaban gente para la Yakuza" cuenta Gertrudis, para agregar: "la verdad que una no siente nostalgia de Japón, nosotros somos muy ordenados y ustedes también: Garrotes de Cadenas ordena y ustedes obedecen". El chiste le hace mucha gracia a esta simpática joven asiática. Veremos si se ríe cuando lean su ocurrencia en la Secretaria de Procesamiento y Análisis de Chistes sobre la Figura Presidencial.
El aspecto negativo de esta acelerada asimilación es que estos japoneses se sienten tan loganienses que ya incluso discriminan a otros extranjeros. "Los húngaros son unos roñosos", afirma indignada Gertrudis, "siempre tienen la ropa tan mugrienta que yo les cobro el doble o el triple a veces. La verdad que esa gente no tiene dignidad ni honradez". Rubencho también despotrica: "Los que me enferman son los suecos. Vienen a robarnos el trabajo. Como vienen del frío, tienen una experiencia bárbara en el rubro y nos cuesta competir en esas condiciones. Además agarran el carrito por tres monedas. Así no podemos".
El caso de estos japoneses conversos es tan notable que ya nuestros científicos han empezado, como de costumbre, a esbozar distintas teorías. Para el célebre Ramsés III no caben dudas de la secreta conexión que existe entre la raza loganiense y la japonesa. "Se sabe que existieron túneles subterráneos que unieron al Lago Logan con Japón durante la 2º guerra y que luego fueron usados para instalar la red del subte en Logan City. De ahí las demoras: para ir de Villa Pantano a la Plaza de la Libertad, el subte primero llega hasta Tokio y pega la vuelta en Nagasaki. No hay forma de llegar al trabajo en hora y bien afeitado".
Para Piero Gabini, presidente de la Academia de Ciencias del Lago Logan, los japoneses sencillamente descenderían de los loganienses. Consultado acerca de las evidentes diferencias físicas entre unos y otros, Gabini respondió que un científico no se encarga de esas cosas, nos acusó de amarillistas pro nipones y aprovechó para descalificar a Ramsés: "No importa qué haya dicho: seguro está mal".
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Gerardo Díaz, quien con el nombre de Ohashi Watanabe ganara múltiples campeonatos de Sumo, encontró su vocación enseñando natación en una escuela primaria.
Chicos de todas las edades hacen cola para aprender su revolucionaria técnica de respiración bajo el agua, inspirada en las ballenas que visitaban las costas de Japón cuando era niño.
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