La Voz del Lago Logan - martes 1602 de diciembre de 1999


Se estrena la comedia “Il Ambo”: Italiano para infradotados

Disfuncional comedia italiana

Fue el boom de la temporada cinematográfica italiana. Su director ya se llevó a su casa tres premios “Cesar”, cuatro premios en festivales con nombres raros, y unas cuantas minas que estaban buenísimas y que hace un mes no le daban ni pelota. Mañana se estrena en el Lago Logan el film “Il ambo” (que aquí se conocerá como “¡Qué traje te echastes, hermanito!”).

“Il ambo” es una comedia de enredos que relata las peripecias que deben realizar tres hermanos muy pobres que comparten un mismo traje y un mismo destino: el de usar el mismo traje y ser muy pobres.

Los desopilantes malentendidos comienzan pronto con uno de los hermanos -el poeta soñador-, que trabaja en una embotelladora de vino (aunque él la llama “embotelladora de ilusiones”). Cierto día va a la planta vestido de traje con la intención de pedir un aumento pero acaba despedido por inútil. Como venganza, se roba 20 corchos, que guarda prolijamente en el bolsillo del saco. Convencido de que la empresa se irá a pique por culpa de ese faltante, da por concluida la misión y vuelve a su casa, que es un auto abandonado en una playa de estacionamiento (aunque él lo llama “barrio privado”).

El traje va a parar luego a otro de los hermanos –el aventurero- que lo necesita para ir a pedir la mano de su novia. En medio de la cena con su futura familia política, anuncia la gran noticia y se dispone a sacar los anillos del bolsillo del saco. Cuando la familia ve que sólo corchos de vino salen de ese traje, lo echan a patadas por borracho y de paso lo balean a quemarropa, ya que el padre de la chica es un prestigioso capo mafia.

Manchado y agujereado, el traje recae sobre el tercer hermano –el galán-, que, nos enteramos, es el dueño de la prenda, a la que usa para manejar una lancha-colectivo. Al ver el traje en ese estado, se ata una piedra al cuello y se lanza al río. Pero el intento de suicidio fracasa cuando los corchos lo devuelven a la superficie. La escena fue observada por todos los pasajeros y una de ellos se conmueve de tal modo que se termina enamorando de este chofer. Inmediatamente deciden casarse, ya que tal es el deber de todo italiano decente.

Sin embargo, algo se interpone en la felicidad de la pareja: el traje se ha encogido en el agua y ya no es posible usarlo en la ceremonia. La desesperación se apodera de todos, inclusive del iluminador, que torpemente aparece unos segundos en cuadro hasta que el camarógrafo hábilmente mueve la cámara y ya no vemos al iluminador pero tampoco a los personajes. Acto seguido se ve el puño del director, se escucha un golpe, la cámara se sacude como si cambiara de manos y entonces la fotografía se enrarece, el ritmo de la película se hace más vertiginoso, el argumento cambia el tono y hasta los actores son otros.

Cuando la película ya se torna insostenible llega el abrupto final: la chica confiesa que es modista y que le confeccionará un traje a su amado para poder celebrar la boda. La felicidad parece completa pero siempre puede haber más: la modista tiene una amiga tintorera y un amigo sastre; de hecho, están allí al lado de ella. Los dos hermanos que faltaban casualmente pasan por el lugar, ven a la tintorera y al sastre, se besan los cuatro desaforadamente y luego se juran fidelidad eterna. Así, los tres hermanos consiguen pareja y trajes propios (ya se imaginarán qué hermano se quedó con el sastre, a quien llama “modelador de vanidades”). Realmente, un final hecho a medida.

El director, festejando el éxito de su creación