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A pesar de que el Lago Logan no fue admitido en los juegos olímpicos de Atenas 2004 por la insistencia de nuestro país en llamarlos "Atenas 1999", un grupo de patriotas logró su lugar en la ciudad olímpica y en la historia deportiva de nuestro país.
La delegación del Lago Logan, capitaneada por Gerardo Antúnez al igual que en los anteriores Juegos de Sydney, logró nuevamente sortear todos los obstáculos que el comité olímpico viene poniendo a nuestro país y regresar con la frente bien alta.
Excluidos de la competencia oficial, complicado su ingreso al Estadio Olímpico de Atenas por el refuerzo de las medidas de seguridad, y tomadas todas las plazas hoteleras por deportistas y turistas del resto del mundo, los delegados loganienses hicieron base en una simpática taberna ateniense en donde retaron a todos los presentes a una competencia de fondo blanco, logrando el recocimiento de los marineros que aún conservaban el conocimiento.
Luego de su primer victoria, hicieron una magistral exhibición de orinaje artístico sobre las mesas del tugurio, dibujando complicadas formas de una sensibilidad artística notoria, e indudablemente fuera de la capacidad de apreciación de los presentes a juzgar por su airada reacción. En la gresca, los loganienses se destacaron en las disciplinas de lanzamiento de botellas y lucha libre, y finalmente en distintas vertientes libres de velocismo al arribo de las fuerzas del orden.
A pesar de lograr esmeradas marcas, nuestros deportistas fueron capturados y conducidos a un espartano penal donde dos de ellos -cuyos nombres no podemos divulgar por secreto de sumario- aprovecharon la oportunidad para lucirse en una improvisada pero no por ello menos exitosa demostración de salto con garrocha.
El resto del contingente arribó a nuestro país esta mañana luego de su deportación, junto con los deportistas que habían obtenido previamente su libertad. En muestra de ejemplar compañerismo y patriotismo, estos últimos se demoraron en Atenas esperando a sus compañeros y aguardando la oportunidad de hacerse de cinco medallas de los juegos paralímpicos que sustrajeron fácilmente a sus tullidos propietarios.
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